Viendo que lo del cambio de apellido era uno de los comentarios más frecuentes en la anterior entrada y viendo que me podía extender un poco con la explicación, he decidido escribir este post.
Me habéis dejado comentarios diciendo que “os daría pena cambiar los apellidos”, “si es necesario cambiarlos”, “es una pérdida de la propia identidad”, “signo de excesiva sumisión” o “una falta de respeto a mis padres”.
Bueno, bueno, bueno… Para empezar a explicarme, primero decir que no es obligatorio adoptar el apellido del marido, ni siquiera es obligatorio que el marido adopte el apellido de su esposa (que también hay casos, aunque no es tan común). Pero digamos que, siendo extranjera (no cambio mi nacionalidad, ya que en Japón no existe la doble nacionalidad y continuaré siendo española), pues es una ventaja, ya que al no ser japonesa, no tengo koseki (registro de familia japonés) y de esta forma entro a formar parte de la familia de Hideo. El tener el mismo apellido del marido evita muchas preguntas y es una ventaja para nuestros futuros hijos (sería muy complicado si el padre y la madre tuvieran distintos apellidos, ya que en Japón sólo se tiene uno).
No creo que sea un signo de excesiva sumisión. A mi no me han puesto un cuchillo en el cuello obligándome a cambiar el apellido. Es más, Hideo me comentó que él se lo cambiaba gustoso por los míos, pero que al no ser japonesa era complicado. Así que las pinceladas del machismo en Japón las dejamos
Si me da pena… pues no. Me da muchísima más pena estar lejos de mis padres y amigos, pero cambiar los apellidos no.
Sobre si es una pérdida de la propia identidad…bueno, bueno… Yo voy a continuar siendo la misma persona (que es ésa mi identidad), seguiré siendo Núria, que éso no lo cambio. Me continuarán gustando los dulces, andar bajo la lluvia, mirar y fotografiar flores, ir de compras, escuchar música, etc, etc.
Y una falta de respeto a mis padres. Aquí quiero puntualizar que el que llevemos unos apellidos u otros es algo totalmente accidental. Me explico. Hace ya 38 años que un señor llamado Antonio Tal se casó con una señora llamada Fanny Tal. Al Cabo de unos años (casi 6) tuvieron una hija, que llevaría sus apellidos, ya que las leyes en España así lo dicen. Entre los dos decidieron que esa niña tendría un nombre catalán. Barajaron unos cuantos (Eulàlia, Montserrat, Mercé, etc…) hasta que salió el nombre de Núria. A mi padre le gustó mucho, y así decidieron que se llamaría. Con todo ésto quiero decir que para mi sería más falta de respeto cambiar mi nombre, que es el que ambos, con mucho cariño, decidieron ponerme. Y es con ese nombre (que adoro, me gusta mucho) me llaman, me nombran. Y es ese nombre el que también utiliza mi ya señor marido para dirigirse a mi (aunque a veces me llame Nuria-chan, jajaja).
Para acabar esta entrada sólo quiero decir que todo lo escrito, a parte de informativo, es una opinión personal, que hay personas que le dan mucha importancia a los apellidos (como algunos familiares míos
) y que yo respeto mucho. Pero yo no se la doy. Con uno o con otro, seguiré siendo yo misma.











































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