Día horrible

No sé si fue por culpa del eclipse solar que pudimos “ver” en Japón, pero digamos que ayer no fue precisamente mi día…

Para empezar el gran eclipse solar, esperadísimo, que finalmente quedo eclipsado a causa de las las densas nubes que habían en gran parte de Japón. No tenía un equipo fotográfico adecuado, pero igual que hizo Ale en Fukuoka, pensé en sacar algunas fotos con el móvil, aunque no salieran muy bien. Salí a la puerta de casa y miré hacia el cielo y pude ver un poco del eclipse. “Chachi”, pensé. Pero en el momento que me dispuse a disparar con el móvil, el sol desapareció y no se volvió a ver hasta bien entrada la tarde (el eclipse fue hacia las 11 de la mañana). Al menos me queda el recuerdo de haber vivido el segundo eclipse solar en mi vida y que durante unos minutos la temperatura bajara unos cuantos grados, que con el calor que hace en este país, ya es de agradecer.

Hacia el mediodía me entró hambre (como es lógico) y me dispuse a terminar un plato de paella, que había cocinado el día anterior. Cuando me senté, con el plato en frente, noté un olor un poco extraño. Hundí el tenedor y vi que la textura de la paella era distinta, con hilillos cual natto. Ya no puedo con el natto, pues imaginaros. Me quedé sin paella. Mi gran error, teniendo en cuenta la alta humedad que hay en Japón, fue no poner la paella en el frigorífico y guardarla en el microondas (como hacía en España y no pasaba nada). Comí un sandwich…

Ya por la tarde, dispuesta a empezar a preparar la cena, estaba en la cocina cuando quise guardar un bizcocho que había cocinado, con tal mala fortuna que cuando abrí el armario cayeron de él las dos botellas de sirope para los kakigori. Las botellas estallaron a mil pedazos en el suelo, derramando todo el sirope, pegajoso a más no poder, por el suelo de la cocina (y algunos muebles). Si el suelo de la cocina fuera de cerámica (como suele ser en España) no habría más problema que el recogerlo todo y fregar con lejía, peeeeeeeeero aquí en Japón muchas veces el suelo de la cocina suele ser de parquet. Una kk, señores. Encima no tenemos fregona, por lo que una servidora tuvo que fregar el suelo a rodilla, clavándose algún cristal en las piernas. Tres veces tuve que fregar y aún esta mañana pensaba en darle una pasada más.

Para rematar la jornada llega Hideo y después de explicarle mis aventuras y desventuras, me dice que la empresa ha decidido recortarle más el sueldo. Genial, éramos bimbo (pobres) y ahora lo somos más.

Menos mal que queda mucho tiempo para el próximo eclipse solar, que el de ayer no me trajo más que mala fortuna.

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