Tsuwari – 悪阻

Recuerdo que una de las cosas que me preguntó mi madre fue que qué tal me encontraba y le dije que fenomenal, porque así era. No tenía mareos, ni vómitos, y pensé que ojalá continuara así. Eso era a principios de agosto, justo antes de que Hideo tuviera sus vacaciones. Pero esta situación no duró mucho…

Nos fuimos hasta Chiba a visitar a la familia y fue en esos días cuando empecé a manifestar mareos y el estómago revuelto. Teníamos muchos planes para esas dos semanas de vacaciones de verano pero finalmente decidimos regresar a Ebina y relajarnos allí. Fue entonces cuando de los mareos pasé a los vómitos y fue entonces cuando oí por primera vez la palabra tsuwari.

El término japonés tsuwari (悪阻)  designa los síntomas que tienen las mujeres embarazadas durante los primeros meses, principalmente, y que, para mi, se convirtió en sinónimo de la palabra infierno y que duró todo el embarazo. Y es que se pueden tener vómitos matutinos o vomitar todo durante todo el día, y es que fue eso precisamente lo que me pasó a mi. Ya fueran líquidos o sólidos, mi cuerpo no aguantaba nada. Al tercer día de estar soportando esta situación, llamamos a la clínica y le dijeron a Hideo que me llevara hasta allí, que me tendrían que poner suero por miedo a una posible deshidratación, que bien me afectaba a mi y podía afectar a Yuna, aunque por suerte y todo lo mal que estuve, la niña siempre estuvo en perfectas condiciones.

Después de ponerme suero pasaba dos o tres días bien, pudiendo comer un poco y, sobre todo, beber. Pasados estos días, el tsuwari volvía a atacar y tenía que ir a la clínica a por más sueroterapia.

Durante los cuatro meses de embarazo que pasé en Japón perdí 10 kilos. Como les decía a mis familiares y amigos, perder esos kilos me fue genial aunque me sentía hecha una porquería, sin energía, en cama. Le decía a Hideo que estar en ese estado no era una enfermedad pero de verdad me sentía como si lo estuviera.

Hideo… suerte tuve de él. Trabajaba todo el día, aunque me llamaba a menudo para saber como estaba. Al llegar por la noche, como yo no podía cocinar nada, traía comida, comida que de poco me servía porque iba para afuera.

Para poder volver a España sin “incidentes” en el avión, la doctora dijo de ponerme suero justo el día antes de mi partida, así nos asegurábamos dos o tres días de bonanza. Y así lo hicimos y el viaje fue sin incidentes.

Ya en España, en casa de mis padres, la cosa fue mejorando poco a poco, aunque el tsuwari no me abandonó hasta el último día (de hecho, en la maternidad, con los dolores de parto, estaba vomitando). De vomitar todo pasé a vomitar una o dos veces al día, lo que ya era de agradecer. En los últimos días de embarazo, uno de mis comentarios a Hideo era “cómo debe ser una vida sin vomitar…???” . Y es que después de tantos meses era difícil imaginarse una vida sin ir con prisas al servicio.

Pero digamos que al tsuwari, dentro de ser mi pequeño infierno, también me dejó cosas “buenas” (además de Yuna, obviamente), como la pérdida de peso, como decía 10 kilos. Luego, con el paso del embarazo, aumenté 12, para, a día de hoy, haber perdido 11. Por lo que nuestro embarazo ha sido la mejor de mis dietas !!

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