“La balada de Narayama” en Galicia

No sé si habéis visto una película japonesa llamada La balada de Narayama (Imamura Shohei, 1983). Si no lo habéis hecho, os la recomiendo fervientemente. La he visto en dos ocasiones, hace ya bastantes años. En ella se narra la vida de un poblado campesino (de la zona de Nagano) hace un par de siglos, y la costumbre de dicha población en cuanto al geronticidio, es decir, el sacrificar a los ancianos, llevándolos a la cima del Narayama a morir. Todo ello lo vemos a través de la historia de una de esas familias y de la abuela, que llegando ya a una edad es ella misma la que pide ser trasladada por su hijo a morir en el Narayama.

Un duro tema, sin lugar a dudas, pero siempre pensando que más duras eran las vidas de esas personas que ante la hambruna debían recurrir a esas determinaciones. Es algo que se ha dado en muchas sociedades y culturas, tristemente. En este caso, con un geronticidio (se supone que los ancianos ya no pueden ayudar en las tareas de campo y son una boca a alimentar, por lo tanto una carga). Otras veces puede ser con infanticidios (ante hambrunas y un exceso de población, se solían sacrificar niños, siendo normalmente las niñas quienes morían (por el simple hecho de ser las niñas las que tendrán futuros bebés, provocando otra vez un exceso de población; matemática pura)).

Ante ésto algunos pueden decir que qué crueldad y que malos que eran… O poder incluso afirmar lo retorcida que puede ser una cultura o país debido a este tipo de actos pasados, para acabar diciendo que éstas cosas en su país (sea España u otro) no pasaban . ¿Y si os digo ahora que ésto no es correcto?

Hace unos tres meses vinieron a cenar a casa de mis padres una pareja de amigos; él, Isaac Ferreira, escritor y poeta gallego. Cenamos tranquilos, conversando mucho, explicando muchas cosas y, lógicamente, preguntándome muchas cosas también. Fue entonces cuando Isaac me comentó sobre la película La balada de Narayama y que estaba investigando sobre el mismo tipo de geronticidios en el folclore galego-portugués. “¿Qué me estás contando…? Ésto es muy interesante !!!”, le dije. Hablamos más sobre el tema y me prometió enviarme información, que recibí un par de días antes de ingresar en el hospital.

En dicho informe relata, en primer lugar, la tradición de Picoto do Pai, en Portugal (en una zona colindante con Galicia), que dice que en tiempos antiguos, cuando los mayores pasaban de cierta edad, los hijos los subían al carro y los llevaban a un monte desierto, dejándolos con una manta y un pedazo de pan. Cuentan que uno de los ancianos que fue llevado por su hijo le aconsejó que se llevase la mitad de la manta, para cuando a él le llegara el turno. El hijo le preguntó si también debería acabar sus días en el monte. “Claro que si – dijo el anciano – aquí traje a mi padre, hoy me traes tú a mi, y el día de mañana será tu hijo quien te traiga”.

En segundo lugar cuenta el caso de Chan dos Marcos (Pontevedra), donde se encuentra una serie de círculos líticos, círculos de piedras hincadas en la tierra. Muchas son las interpretaciones a dichos círculos, siendo una de ellas el lugar donde se abandonaban los mouros (seres mitológicos del folclore gallego, asturiano y leonés) en estado de agonía. Según los estudios realizados esta interpretación guarda estrecha relación con un tema muy socorrido de la tradición oral gallega referente al abandono de ancianos en el monte.

“Cando vivían os mouros en Gallallóns, fai moitos anos, e alguén deles non tiña cura e se puña a morrer, lavábano ó Chan dos Marcos e poñíano no medio (do círculo), pra que os animales do monte e as rapiñas o comeran. Logo collían o que quedaba, e enterrábano. Non se podía enterrar a ninguén namentras non fora comesto polos animales eiquí” Aparicio Casado, Buenaventura, op.cit., 2004, pag.53

Por último cuenta la similitud o coincidencia de que la tradición contada en La balada de Narayama también esté presente en varias aldeas de Raia Seca (zona fronteriza de Galicia y Portugal), especialmente en la Fraga (perteneciente al concello de Lobeira (Ourense) y Azureira, en el concello de Padrenda (Ourense)).

A partir de este punto que cada cual saque sus conclusiones, aunque cuando se trata de tradición oral, leyendas o Historia es mejor que, antes de criticar y llenarnos la boca, pensemos en la situación o circunstancias en que vivían esas personas, en esos momentos, para luego reflexionar y pensar lo afortunados que somos y que cosas así no tengan que pasar más.

Qué acabéis de pasar una buena semana !!!

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