El viaje

Hoy es el primer día de trabajo de Hideo después de unas cortas vacaciones de verano. Digamos que muy contento no iba, lógicamente. Así que Yuna (que está aún durmiendo) y yo empezamos lo que será nuestra vida diaria en Utsunomiya. Pero como me gusta ir por partes y esta semana ha sido intensa, voy a ir por orden y empezaré a relatar lo que fue nuestro viaje hasta Japón.

Aunque una está ya acostumbrada al largo trayecto que lleva desde España a Japón, esta vez la aventura iba a ser algo distinta, y es que viajar con un bebé puede ser a veces complicadillo y más cuando el viaje lo haces sola.

No voy a relatar despedidas porque son siempre duras…

En Madrid-Barajas nos esperaba el primer trayecto, hasta Amsterdam-Schiphol, con un avión de Iberia. Yo sufría por la niña ante a incertidumbre de como podía reaccionar y sabiendo que ese trayecto en concreto no es muy cómodo y debía viajar con ella en brazos. Ante mi sorpresa, Yuna durmió casi todo el trayecto y sólo lloró un poco porque tenía hambre, así que dándole de comer se solucionó en un santiamén. La cría viajó conmigo, atada a mi cinturón de seguridad con un cinturón para bebés.  Antes de partir, una de las azafatas me informó como actuar en caso de emergencia (esta vez, debo dar una buena nota a Iberia). Además el viaje se me hizo ameno al tener de compañera de asiento a una señora holandesa que viajaba con su hija de seis años. Muy amable y estuvimos charlando sobre críos, familias y viajes.

La espera en Amsterdam no era muy larga (un par de horas) pero a Yuna le tocaba biberón así que me cogió un nuevo berrinche, pero de los gordos. Creo que fue el único momento del viaje en que me puse un poco nerviosa, hasta que una azafata del aeropuerto se me acercó y se ofreció a calentarme agua para un biberón.

En la espera conocí a una pareja que iba a Japón por primera vez a visitar a su hijo, que está casado con una japonesa y tienen una niña de dos años. Fueron muy agradables y amables al ayudarme en todo momento, al ver que viajaba sola con Yuna. Espero que su estancia en Japón haya sido fantástica, a pesar del calor ;)

La peque esperando el avión de JAL, en Schiphol.

Sobre el avión de JAL, ya sabéis que siempre he sido todo alabanzas a la compañía pero esta vez voy a dar una mala nota, y es que la compañía no me reservó una mini cuna para Yuna como sería lo habitual, así que durante casi 12 horas continuadas tuve que viajar con la peque en brazos. Según ellos debía hacer una reserva específica pero creo que cuando haces una reserva de unos billetes donde uno de ellos es para un bebé de tres meses lo lógico es pensar que la madre va a necesitar una cuna (son pequeñas y se suelen poner en frente de los asientos de los padres). Pues no !! Eso si, me dijeron que el asiento de al lado estaba libre, como si la niña pudiera sentarse… Bueno, me armé de paciencia y acepté la situación.

Ya en el avión, la tripulación como siempre muy amable, pero a diferencia del avión de Iberia, no tuve ni una explicación de como actuar en caso de emergencia, ni me dieron un cinturón de seguridad para Yuna (por lo que la niña iba “suelta”).

El avión salió con una hora de retraso por problemas en el sistema eléctrico. Acomodé a Yuna para que ella estuviera bien, con un par de cojines, a modo de colchón, y mi suerte es que viajó casi todo el rato durmiendo, sólamente despertándola para darle un biberón. Por mi cuenta, acabé molida, con moratones a causa de la mala postura, no pude casi comer nada ni ver una triste película. Pero es lo que nos toca a las mamás.

La llegada a Narita, a eso de las 15:40pm (hora japonesa), tuvo la anécdota de que en inmigración tuve que esperarme un ratito a que revisaran nuestros papeles y pasaportes (no fuera que hubiera raptado a la niña).

Y nada más, recoger las maletas, muchos bultos, y encontrarnos con papá, que nos esperaba a la salida.

Hace un año: Fin de nuestras vacaciones

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Hace tres años: Estoy viva y en Japón !

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