Primer encuentro con Yuna

Cuando Hideo me vio salir en el aeropuerto, después de toda nuestra “aventura”, alucinaba, y es que una servidora iba cargando, ella sola, el cochecito con la niña, una mochila (con el ordenador y la Nikon D60´), una bolsa de mano con ropa para Yuna, pañales, biberones, etc., la silla de auto (bien embalada) y una maleta de 26 kilos. Después de saludarnos y carantoñas a Yuna, me dijo que estaba muy sorprendido por lo fuerte (sobre todo emocionalmente) que me había vuelto. Como te puede hacer cambiar, la maternidad…

Fuimos a buscar el coche y ya pudimos percibir el calorcito y la humedad de Japón en la época estival. Montamos en el coche nuevo (muy cómodo, si) y nos dirigimos a casa de mis suegros, que ya nos estaban esperando frente el portal, ansiosos de ver a Yuna, como es lógico. Ya en casa, mimos y más mimos, sorprendidos de que la niña no se hiciera la extraña y fuera todo sonrisas (Yuna es muy risueña), y muy contentos por ello.

Al día siguiente les tocó el turno a los abuelos de Hideo, que viven muy cerca de mis suegros. Muy emocionante el encuentro y el hecho de que cuatro generaciones se encontraran allí, en aquella casa. Hubo fotos de todos con Yuna y, como siempre, la abuela que piensa que pasamos mucha hambre y nos preparó un mega banquete.

Los hombres de la familia.

Lo del mega banquete, como podéis ver,no es broma.

Queríamos ir ese mismo día (el domingo día 8 ) hasta casa, en Utsunomiya, pero decidimos quedarnos una noche más en casa de mis suegros ya que el cansancio estaba todavía presente, y partir de buena mañana. Mi suegra nos acompañaba y se quedaba unos días con nosotros, para ayudarnos con la niña mientras Hideo y yo poníamos en órbita la casa. Y es que hubo mucho que hacer, pero eso será en otra entrada ;)

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