La magia de las coincidencias

Hace ya unos años, cuando estaba con los estudios de enfermera veterinaria, con los amigos fuimos a pasar una semana a la casa de Maçanet de una compañera. Fue una de las mejores semanas de mi vida, de esas que en algún momento desearías que el tiempo retrocediera para poder volverla a vivir. Pero una de las cosas que más dentro de mi memoria tengo es que, en esa semana, nació mi amistad con Gemma.

Gemma era una de las compañeras de estudios, cuatro años mayor que yo. Hasta entonces no habíamos profundizado demasiado y era un trato cordial, el que teníamos. Recuerdo que la fuimos a buscar en la estación y que ya entonces nos empezó a contar que había tenido una coincidencia muy grande en el tren, algo sobre un chico que tenía frente a ella y el libro que estaba leyendo. Yo, como siempre, iba a mi bola y no le presté demasiada atención al asunto. Al llegar a la casa, dejó su mochila y la abrió para sacar un vestido, playero y con una flor dibujada en el pecho. “Mirad que me regaló mi hermano”. Yo me quedo de piedra y voy a la habitación y saco otro vestido igual al suyo, sólo que en versión larga. Nos reímos mucho por esa otra coincidencia y que a veces las casualidades pueden tener alguna razón. Luego supimos que la razón era descubrirnos la una a la otra.

Hacía cuatro años que no veía a Gemma, desde que me fuera de Barcelona. Es más, hubo un momento en que perdimos el contacto y, como ella es un poco especial, llegué a pensar que no nos veríamos más. Pero hace un tiempo, y esta vez a través de la magia de internet, retomamos el contacto y supe que vivía en la provincia de Girona y que tenía un niño. Yo le conté nuestra historia y que me iba a Japón, ya para casarme.

Hace unos días me conecté para poder hablar con mis padres. Mi padre empezó a decir “es la Núria, es la Núria”. Yo que me quedo un poco cortada, al no saber que pasaba. De repente alguien que se sienta frente al ordenador del despacho de mi padre. Era Gemma. “Pero que haces aquí !!??”. Risas y más risas y me explicó que estaban pasando unos días en una casa que tienen en Asturias y que le dio un impulso y fueron hasta Ferreira a verme. Como no sabía donde vivía exactamente, preguntó por la calle y una señora (debo averiguar quien) les dijo que mis padres vivían en tal casa pero que yo ya me había ido a Japón. De todas formas Gemma subió a saludar a mis padres y, otra coincidencia, en esos 15 minutos de visita, yo me conecté.

Me trajo unos regalos para Yuna, que mis padres me enviaron lo antes posibles (junto con atún, aceitunas y demás, para aprovechar el envío). Este miércoles lo recibí y pude comprobar, de nuevo, la magia de las coincidencias.

El conjunto de la izquierda se lo compré a Yuna antes de partir a Japón. Y el de la derecha es el conjunto que le ha regalado Gemma. Mismo conjunto, sólo que uno en versión pantalón y el otro en versión falda.

Nos separan cuatro años en que no nos hemos visto, nos separa la distancia, pero la magia de las coincidencias, Gemma, siempre nos acompaña. Por algo será.

T’estimo molt, Gemma !!!

Qué paséis un buen fin de semana !!!

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Hace un año: Marc

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Hace tres años: Muchas gracias a todos

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