11 de marzo de 2011

Un día que va a permanecer en nuestra memoria para siempre.

Empecé el día como un viernes cualquiera; preparando desayuno para Yuna y luego para nosotros dos. Despedimos a Hideo, contentos porque era viernes y podríamos disfrutar del fin de semana juntos. Luego estuve recogiendo la casa, jugando con Yuna y hacia eso de las 12 fuimos las dos a comprar cuatro cosas que nos faltaban al Matsumoto Kiyoshi. Hacia un buen día, soleado aunque por Tochigi el aire continúa siendo bastante fresco.

Después de comer, encendí el ordenador y lo puse a mi lado, en la mesa. Mi tarea entonces, mientras Yuna dormía la siesta en la habitación de tatami, era acabar de actualizar su álbum de fotos. Fue cerca de las 3 cuando empezó la mayor de nuestras pesadillas.

Parecía, al principio, un temblor de los habituales, como el que habíamos tenido hacía un par de días. Me quedé quieta, pero no me preguntéis como ni por qué, ya que a los pocos segundos me di cuenta que no era un terremoto habitual. Era muy distinto. Cogí a la niña envuelta en la manta, corrí a la puerta de salida y quité el cerrojo. En ese momento nuestro piso, un ático (6º) se empezó a balancear y oí como caían las cosas. Corrí a ponernos las dos debajo de la mesa del comedor, con mi teléfono móvil en la mano. Mi visión fue que todo se desmoronaba; oía como las cosas se rompían; sentía que la casa era como si fuera de cartón. Yo sólo agarraba a mi niña y gritaba: “Si us plau, que pari” (por favor, que pare). Pensaba en mi niña, pensaba en Hideo…llegué a pensar que ese era el fin.

Luego, empezó a calmarse…

Pero yo no me podía calmar. Intenté llamar a Hideo pero, lógicamente, no había línea telefónica. Abrí la puerta y corrí escaleras abajo, hasta el segundo piso, donde vive M-san, mi vecina. Me abrió inmediatamente. “Nuria, daijobu, daijobu…” (Nuria, todo está bien, todo está bien…). Pero yo no estaba bien. No podía parar de llorar y pensar que aquello no podía estar sucediendo. M-san estaba con sus suegros que habían venido a celebrar el cumpleaños de su niña. M-chan cumplía un año ese mismo día, 11 de marzo. Un cumpleaños bien marcado. Me acogieron y me calmaron. Yuna estaba tan nerviosa como lo estaba yo y sólo quería estar en mis brazos, así que intenté serenarme y mostrarle a la niña que estaba bien, aunque por dentro no lo estuviera. Mientras en la televisión empezamos a ver las horribles imágenes de la tragedia, intentamos llamar a nuestros maridos. Era imposible. M-san me preguntó si había cerrado la puerta de casa y le dije que no la había cerrado con llave. Me acompañó hasta casa, por las escaleras de emergencia, y cerramos. Hubo en ese momento otra réplica y corrimos de nuevo hasta su casa.

Cerca de las 4 pm Hideo pudo llamarme, desde un fijo ya que los móviles no funcionaban. Estaba bien pero la empresa estaba destruida en un 50%. Estaba a la espera de poder entrar a recoger sus cosas y venir a casa, sin saber cuanto rato podía tardar al estar las carreteras cortadas. Me quedé más tranquila. ´

Pensando en las noticias que podían llegar a España, volví a nuestro piso y cogí el ordenador y de paso nuestros pasaportes. Aproveché un momento de calma para sacar algunas fotos.

Habitación de tatami donde dormía Yuna. Además de todo lo que cayó, los muebles se desplazaron dos palmos de la pared.

Comedor con la mesa bajo la que nos refugiamos Yuna y yo.

La cocina era un auténtico desastre.

La casa que tenemos en frente, como muchas casas de la zona, vió afectado especialmente su tejado.

Volví a casa de M-san y allí me conecté a internet y llamé via Skype a mis padres. Ya estaban enterados de la noticia por via de mis tios. Estaban muy nerviosos y les dije de hablar con la webcam, así podían ver que estábamos bien. Estuvimos hablando un rato y quedé que, en cuanto volviera Hideo, les volvería a llamar.

M-san preparó cena para todos, aunque yo apenas pude probar bocado. Pude recibir una llamada de mi suegra. Estaba bien y estaba preocupada por nosotros. Al final Hideo llegó a eso de las 7, dimos las gracias a M-san y subimos al piso. Hideo se quedó de piedra al ver como estaba todo pero ya qen casa, nos abrazamos y dimos las gracias por poder estar los tres juntos y bien.

La noche fue larga, con muchas réplicas (que siguen y siguen). A eso de las 7:30am recibí la llamada de la Embajada de España en Tokyo, para saber si estaba bien y si necesitábamos cualquier cosa. Luego nos arreglamos y cogimos el coche, camino a Gunma, a enterrar los restos de mi suegro. Nos costó llegar ya que algunos tramos de autopista estaban cerrados. Nos encontramos con la familia y estaban todos bien. Al volver a Utsunomiya, a eso de las 6 de la tarde, vimos que muchos comercios estaban cerrados. Tampoco había gasolina en muchas estaciones de servicio. Al subir al piso, en la puerta, nos encontramos una bolsa y una nota. Era de A-san, otra vecina y mamá de una niña de la misma edad de Yuna. Estaba preocupada por como pudiéramos estar y, como había ido a comprar, nos había dejado algo de comida de emergencia: cereales, curry, espaguetis, dos yogures, un par de patatas…

Yo estoy con el pánico en el cuerpo cada vez que la casa se vuelve a mover. Estamos en alerta por ver que pasa finalmente con la planta nuclear, que nos queda a unos 150 km. Sólo quiero cerrar los ojos y pensar que todo ha sido una simple pesadilla. Sólo tengo ganas de llorar.

Un día que va a permanecer en nuestra memoria para siempre…

————

Quiero agradecer todos los mensajes, comentarios, mails, llamadas, etc… que hemos recibido y estamos recibiendo. No habría suficiente espacio en este blog para expresar todo lo que he sentido leyendo vuestras palabras. Sólo decir…

MUCHAS GRACIAS

y que podamos volver a la normalidad lo más pronto posible.

Núria

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.187 seguidores