Esta es una semana muy especial y es que va a hacer dos años que vino al mundo nuestra Yuna. Estos días me venían a la memoria muchos de esos momentos que viví y los comentaba con Hideo. Y pensé que nunca expliqué en este blog como fue el parto de Yuna.
Cuando cumplía las 38 semanas de gestación fui a la consulta de mi ginecóloga, en la clínica privada. Desde que llegara a España decidí compaginar ambas visitas, en el hospital público y en mi ginecóloga, viendo como eran de espaciadas las visitas en la sanidad pública y teniendo en cuenta que mi ginecóloga es, además, la jefa de ginecología del hospital (aunque ella nunca pasaba visita allí). Bien, en la visita me dijo que Yuna estaba ya lista para venir al mundo y que estuviera preparada.
Y preparada estuve… 4 semanas más, en las que las idas y venidas del hospital fueron frecuentes, pero yo no daba señales de parto. Eso si, la cría se hacía enorme y, consecuentemente, mi barriga también.
Era el 19 de abril (2010). Yo esperaba que ese día me dijeran que ya me quedaba. No podía más. Pasé la primera visita, con una ginecóloga que quedó en mi lista negra, y vi que su intención era que me volviera a casa ya que no tenía contracciones ni estaba dilatada. Me quedaba pasar la visita del ecógrafo aún… Esperando estaba fuera de la sala cuando mi ginecóloga me vió. “¿Qué haces aquí?”. Le expliqué que estaba esperando la ecografía. Asistió y se marchó. Me llamaron y pasé. Me llevé la sorpresa de que mi ginecóloga, que nunca pasa visita en el hospital, estaba sentada al lado del ecógrafo, con la otra doctora (la de la lista negra) detrás. En la inspección vio que Yuna estaba enorme. La otra ginecóloga alegaba que todavía tenía líquido y que podía esperar pero mi doctora dijo que ni hablar, que dar a luz a ese bebé podía llevar ya problemas y que yo me quedaba. Respiré aliviada, en parte.
Me llevaron a mi habitación y pasé esa tarde y noche sin incidentes. A la mañana siguiente (día 20)pasaron a inducirme el parto con medicamentos. Y así estuve todo el día, sin novedades. Pero por la noche, cuando la matrona me visitó, rompí aguas. Bueeeeeeno, al menos ya empezamos con ello !! A la hora más o menos (recuerdo que eran sobre las 11 de la noche) empecé con los dolorcillos, que al cabo de unas horitas, en la madrugada, ya eran dolores. Y vaya dolores (aquí es donde todas las que lo hemos pasado nos reímos) !! En uno de ellos casi le rompo la mano a mi madre, y no es broma. Eso si, la matrona, toda simpática, nos decía que aquello no era nada.
El problema que se me presentaba entonces es que no dilataba y no querían ponerme la analgesia epidural (que yo había solicitado) para no retrasar más la dilatación. Así que estuve hasta el mediodía del 21 de esta guisa, cuando viendo que yo no podía más, me la pusieron (con dos intentonas, que a la primera no me hizo efecto). Y vi el cielo entonces.
Pero aunque yo ya no sentía dolores, lo de dilatar continuaba siendo un problema. Nada de nada. Al final, hacía las siete de la tarde, una ginecóloga (esta era un encanto) me visitó y viendo que estaba de sólo 4 cm. y que llevaba casi 21 horas desde el inicio de mi odisea, decidió que no se esperaba más y que pasaba a quirófano para una cesárea.
Y a las 19:30 del 21 de abril Yuna vio la luz por primera vez, pesando la criatura 4’330 kg. y midiendo 54cm, aunque no muy decidida, que salió agarrada al cordón umbilical. Muy cómoda estaba en la barriga de mamá…
Ahora lo veo todo con una sonrisa, aunque pensando en futuros acontecimientos me hacen tener muy claro aquello que quiero y aquello que no quiero. Me decían que todo lo mal que lo pasas lo olvidas en cuanto tienes a tu hijo en los brazos. Yo no lo veo así: no lo olvidas pero vale la pena pasar por ello.
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