Hace un par de domingos fuimos a dar una vuelta por Ginza, por la zona que yo comparo a La Diagonal de Barcelona, por la cantidad de tiendas de marcas imposibles (por caras) que hay. El motivo, además de dar una vuelta, era ir hasta el Spain Club Ginza, una tienda y bodega de productos españoles que abrieron no hace mucho y de la que ya nos había hablado Nora en su blog.
Teníamos mucha curiosidad por visitarla y, de paso, como nuestro aniversario de boda estaba cerca, si veíamos una botellita de vino que nos gustara, hacernos con ella. La curiosidad era, sobre todo, en cuanto a los precios. En un comentario del blog de Nora le dijeron (decía ser una trabajadora de la tienda) que los precios no estaban inflados. Sería cierto?
Bien, decir que la tienda está bien surtida de vinos, aunque no había ninguno de mis marcas preferidas (yo soy muy de vino blanco), pero surtido hay para escoger. Eso si, inflados no es la palabra. Carísimos !!!! Estuvimos mirando los vinos de Ribeiro (gallegos) y la botellita más barata a unos 3000 yenes. Ya beberemos hasta caer de pompis en Galicia, para el verano. Casualmente tenían el mismo aguardiente de orujo que mis padres enviaron a Hideo para su cumpleaños (a Hideo le chifla el aguardiente de orujo y el licor de hierbas). Misma marca que mi padre paga (en tienda) unos 12 euros y en Spain Club Ginza cuesta unos 40 euros al cambio. Pues ya compraremos un par de botellitas en Galicia, en verano.
Lo mismo con el jamón, chorizo, etc. El paquete de lonchas de jamón ibérico eran casi iguales a las que veo en algunos grandes almacenes (los que tienen productos de importación) y al mismo precio (incluso me atrevería a decir que más caro).
Los bombones de chocolate eran de una marca que vende en el Mercadona. Pues al Mercadona iremos, en verano.
Entiendo que son productos de importación y que, claro está, están más caros que en el país de origen, pero igualmente las cuentas me dicen que han añadido bastante al precio.
Todo y con eso no nos fuimos con las manos vacias. Por ejemplo, a Hideo le gustan mucho los espárragos blancos (yo soy más de espárrago triguero) y como en la tienda tenían y estuve mirando que de verdad fueran españoles, con denominación de origen, compramos una latita. También cogimos un paté de chorizo que, aunque barato no era, resultó estar bastante bueno. Todo llo lo degustamos en la cena de nuestro tercer aniversario.
El negocio les puede ir bien (sobre todo para japoneses ávidos de probar productos de nuestra tierra) pero no creo que a nosotros nos vean mucho por allá.
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Hace un año: Tsuyu, días de leche y galletas
Hace dos años: Pequeños bordados
Hace tres años: Sobre el cambio de apellido
Hace cuatro años: Veterinario, Foz y Castro de Fazouro
Hace cinco años: Una de cal y otra de arena



























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