Siempre he dicho, y quien conozca a Yuna lo puede corroborar, lo muy parecida a su padre, físicamente, que es la niña. Por supuesto que Yuna es mestiza y 100% japonesa no se ve, pero digamos que los genes tiran más para Asia que no a Europa. Únicamente el pelo que, con sus rizos y su color castaño (que se aclara un poco con el sol), hacen que podamos decir que una servidora es su mamá. Eso y el mal carácter, según su padre
Pero desde hace unos meses hemos observado que Yuna está adquiriendo otro aspecto que me recuerda muchísimo a mi cuando era pequeña: es ultra sensible a la suciedad.
Todo empezó cuando, mientras comía, por “accidente” al beber agua le caía un poco en la ropa (aunque fuera una gotita). El drama era (y es) mayúsculo y se quitaba la camiseta o el pantalón (lo que se hubiera mojado) inmediatamente, diciéndonos que estaba sucio. No valían nuestras explicaciones de que eso no era suciedad, que estaba simplemente mojado y que ya se secaría. No, para ella estaba sucio y ya no valía. Eso no sólo en casa, que nos lo hace en restaurantes también, lo que puede ser un pequeño espectáculo, con striptease incluido.
Lo mismo pasa si es la mesa la que se ensucia, que ya me está llamando a gritos para que pase un paño. Y lo mismo, no sólo en casa, lo que ya me veís limpiando el 50% del tiempo las mesas de los restaurantes (tendré que cobrar alguna comisión por ello…)
Otra cosa es que, ahora, no quiere entrar en los baños públicos. Todo empezó hace unas semanas, durante la Golden Week, cuando fuimos a comprar el cochecito en el Lalaport de Funabashi. La señorita se hizo pipí, así que busqué un baño donde cambiarla, pero Yuna no quiso entrar porque olía mal (“kusai”, nos decía). A ver, a rosas no olían, pero mal tampoco, además que en ese momento estaba una trabajadora limpiando los baños. Por muchas explicaciones que le dimos no bajó del burro, a lo que con risas le repliqué que si esos baños olían mal, que se esperase a entrar en algunos servicios públicos en España…
El súmmum del asunto fue un día entrando en el ascensor del edificio donde vive mi suegra. En suelo de este estaba un poco manchado con unas gotas que se veían algo pegajosas. Seguramente algún vecino bajó la basura y esta goteó un poco. Al verlo Yuna se escondió detrás mío diciendo que había caca en el suelo. Le dije que no era nada, que no lo pisara y ya está. Empezó a toser y al llegar a nuestra planta y salir del ascensor nos pegó la gran vomitada provocada por el asco. Lo nunca visto.
Tal vez yo, de niña, no llegara a estos extremos (pero ya sabéis que mi niña del alma es algo “extremista”), pero mis padres siempre me recuerdan lo puñetera que era con la limpieza física. Y es que, durante una comida, podía levantarme 10 veces de la mesa para ir a lavarme las manos. Lo bueno era cuando íbamos a la playa y me ponía a jugar con la arena. Por supuesto las manos se me embadurnaban, por lo que me pasaba toooooooooodo el rato llamando a mi madre, que venía la pobre con una toalla, para que me las lavara, y como en la playa no hay arena ni nada… O lo impoluta (mi persona y la ropa) que salía cada día del jardín de infancia, como si no hubiera jugado ni hecho nada.
Sensibleras o muy finas, pero muy limpias, eso si
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Este año no hago entrada especial pero si me gusta recordar en el blog, que para eso es personal, que hoy, 22 de Mayo, una servidora se casó con un hombre maravilloso hace 4 años.
Hoy tendremos cena rica, con canelones, para celebrarlo
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Hace un año: Tercer aniversario de boda
Hace dos años: 2º aniversario de boda
Hace tres años: Primer aniversario de boda
Hace cuatro años: Nos hemos casado !! – We got married !!
Hace cinco años: Renfe… nunca mais !!
Hace seis años: Last working day in Kitakyushu
















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